Noticias |  Sociedad   |   [09/12/2007] | Página Principal
el análisis profesional sobre un delito que causa vergÜenza en sus víc
Abuso sexual: el escalofriante perfil de los que someten a niños y adolescentes
A diario, en Comisarías y Juzgados se recepcionan denuncias que ponen al descubierto el terrible flagelo de los delitos sexuales a menores de edad. Recientemente, el caso de dos niñas madres plasmó todo el dramatismo de la violencia a la que consecutivamente son sometidos pequeños de muy corta edad por personas del entorno familiar.
Los delitos sexuales que tienen como víctimas a niños y adolescentes marcan un escalofriante incremento cotidiano. A diario, en Comisaría y Juzgados se recepcionan denuncias que ponen al descubierto el terrible flagelo del abuso sexual a menores. Recientemente, el caso de dos niñas madres plasmó todo el dramatismo de la violencia a la que niños y niñas son sometidos por personas del entorno familiar.
Según un análisis sobre la pedofilia y abuso sexual de menores, “los delitos son cometidos por individuos con una conducta sexual habitual considerada ‘normal’. La manifestación de la conducta sexual delictiva está ligada a una circunstancia personal o ambiental facilitadora”.
Para los especialistas, “los factores que determinan la pedofilia comprenden tres grupos principales que afectan el desarrollo de la personalidad: el biológico, el medio ambiente y los factores mentales de integración y síntesis. Todos estos factores constituyen la formación de una personalidad pedofílica”.
Frecuentemente, los abusadores conviven con sus víctimas dentro del mismo hogar o mantienen una cercanía demasiado estrecha con parientes o amigos de sus padres. “Es común observar que el abusador de menores es un pariente de la víctima. La mayoría de los abusadores están casados y tienen hijos propios”.
En apariencia son personas “normales” aunque se han “ observado pedófilos disfuncionales con parejas adultas. En estos casos el menor les genera menos conflictos porque piensan que éste no evalúa su rendimiento o capacidad sexual y así reafirman su masculinidad autocuestionada”.
En estos casos “el abuso sexual desbloquea la impotencia de origen predominantemente psíquico al reafirmar la masculinidad a través de la agresión sexual, sobre todo cuando perciben el temor de la víctima” .
Estudios sobre abusadores masculinos han determinado dos tipos: los impulsivos, los que abusan de sus víctimas en ámbitos familiares, ante la ocasión que se les presenta de quedar al cuidado de un niño y por otra parte, se encuentran los que manifiestan una clara predilección sexual por niños, éstos suelen organizar muy bien sus andanzas, eligen cuidadosamente a sus víctimas a los que “entrampan”, y tratan de ubicarse en lugares donde pueden tener fácil acceso a ellos (instituciones de cuidado infantil, colegios, entrenamiento deportivo, etc.).
En cuanto a la manera de operar “para los pedofílicos es esencial garantizarse el silencio de su víctima, a quien seleccionan y preparan, al mismo tiempo que neutralizan la capacidad del responsable del niño, si lo hubiera. Esto explica cómo personalidades socialmente respetadas en una comunidad pueden abusar sexualmente durante años sin ser detectados”.

Según Freud
La interpretación de Sigmund Freud sobre la sexualidad infantil y la conformación de la personalidad sexual del adulto permitió conceptualizar a las “perversiones” como conductas infantiles anacrónicamente fijadas consecuencia de un desarrollo problematizado de la sexualidad infantil”.
“Las perversiones representarían placeres primitivos cuya exigencia es muy significativa. Esto supone la dificultad de despegarse de dichos sistemas de satisfacción. Es decir, que la ‘fijación’ representa una elección primaria: la elección de la perversión como fenómeno anacrónico. El fracaso de nuevas experiencias sexuales que el individuo no pueda integrar, lo hace ‘regresar’ hacia sus primeras experiencias. La ‘regresión’ es el mecanismo que retropulsa al individuo hacia los sistemas primitivos de satisfacción”.

Negación
Una conducta habitual es la negación del problema por el temor a la vergüenza y a la condena social. En este sentido, “en general, las instituciones y también las familias tratan de ocultar el problema. Incluso hay madres que protegen al esposo abusador de los hijos”. Por eso habitualmente, los niños y adolescentes abusados buscan fuera del entorno familiar el espacio donde denunciar las atrocidades a las que son sometidos.

¿Existe una cura?
Para los especialistas de las diferentes disciplinas que analizan este tipo de casos, los “medicamentos como antipsicóticos, antidepresivos o antiandrogénicos han dado buenos resultados en algunos pacientes. Aunque en la gran mayoría de los abusadores violentos y agresivos el aislamiento social (cárcel) es lo único que evita que se siga dañando a terceras personas”.
El abuso a niños, niñas y adolescentes se presenta como un flagelo al que es muy difícil darle una solución. El silencio, la vergüenza y el temor a la condena social contribuyen a la complicidad de los abusadores, que bajo una imagen confiable y familiar someten a sus pequeñas víctimas hasta que alguien descubre los ocurre y lo denuncia. A los padres y familiares, sólo les queda prestar atención a los pequeños signos que los niños puedan manifestar y denunciar los abusos. Sólo así se podrá recuperar la confianza de los pequeños y contribuir a una manera saludable de superar el trauma de los chicos con el menor impacto negativo posible.
Fuente: “Algunas reflexiones sobre la pedofilia y el abuso sexual de menores” Cuadernos de Medicina Forense Año 3 - Nº 2 (93-112) Juan Carlos Romi y Lorenzo García Samartino.

La dinámica del trauma de un niño sometido a tormentos
El Modelo Dinámico de la génesis del trauma de abuso sexual infantil puede ser entendido desde cuatro componentes:

a) Sexuación traumática: se produce por la intrusión de intereses y conductas sexuales de un adulto en el desarrollo sexual normal de un niño. Estas conductas son inapropiadas para un niño y al ser recompensadas con frecuencia por los adultos pueden aprender a usarlas como estrategia para obtener beneficios o relacionarse con los demás, adquieren aprendizajes deformados de la importancia y significados de determinadas conductas sexuales, así como concepciones erróneas sobre la sexualidad y ética sexual. Por último, la sexualidad del niño puede quedar traumatizada o gravemente afectada de numerosas formas.

b) Pérdida de confianza relacional: este puede ser especialmente conflictivo cuando existen relaciones familiares entre el agresor y la víctima. La víctima puede ser manipulada, herida, amenazada, etc., precisamente por quien era objeto de confianza.
Esta ruptura de confianza en las relaciones se puede extender a toda la familia por no haber logrado librar a la víctima de estas experiencias, y extenderse también a todas las personas del sexo del agresor.

c) Estigmatización: es sentida como culpa, vergüenza, envilecimiento, pérdida de valor, sentimientos que sólo a él/ella le ocurren lo peor, etc. La víctima se puede considerar marcada para el resto de la vida por las experiencias más traumatizantes y considerarse distinta, desgraciada, marginada.

d) Sentido de pérdida o falta de poder: las víctimas, por último, pueden llegar a creer y sentir que lo que les sucede está fuera de su control, que no saben reaccionar ante las situaciones, y que tienen poco poder sobre sí mismos y sobre cuánto les sucede. Los niños pueden volverse temerosos de lo que puede ocurrirles en el futuro, tomar actitudes pasivas y poco asertivas, ser retraídos socialmente.
*Esta dinámica supone una alteración del funcionamiento emocional y cognitivo que puede llegar a distorsionar la visión de sí mismo, las relaciones y el mundo en general.
Manifestación de los efectos de abusos sexuales a largo plazo

a) Sentimientos de aislamiento marginalidad, baja autoestima, y de estigmatización.
b) Depresión, ansiedad y trastornos neurovegetativos.
c) Ideación suicida y conductas autodestructivas.
d) Agresividad sexual.
e) Fracaso escolar.
f) Dificultad para establecer vínculos y mantenerlos.
g) Participación sexual pasiva, automatizada y ausente (prestan el cuerpo).

Pedófilos en la mira
No es posible determinar con precisión el perfil de un pedófilo, ya que depende del tipo de patología que presente y el ambiente en el que desarrolle su perversión.
Aunque los especialistas han llegado a definir algunas características básicas.
“Los pedófilos son personas que pueden tener familia, y en algunos casos, algunos abusan también a miembros de su misma familia. Suele observarse que estos sujetos no tienen capacidad para relacionarse con mujeres por ser inseguros, la impotencia parcial es usual. Algunos son homosexuales ocultos”.
Por otra parte, “los pedófilos en general son adultos, del sexo masculino, que obtienen satisfacciones sexuales mediante un contacto físico y a menudo sexual con niños. Algunos investigadores opinan que es típico que los paidófilos conozcan personalmente a los niños que manosean, ya sea por ser un vecino cercano, o pariente”.
Estas personas son muy sagaces y saben disimular su condición perversa habitualmente “estas conductas (los abusos) pueden repetirse por semanas, meses o años si no lo descubren otros adultos o lo denuncia el propio niño”.

Las mujeres no
están exentas
Aunque “el modelo presentado hace hincapié en abusadores fundamentalmente masculinos (95%). Sólo se ha observado un 5% de abusadoras femeninas, casi siempre a través de mecanismos como la predisposición intergeneracional, la relación maestra - amante alumno, o la mujer coercionada por un varón (por miedo al abandono)”.
Natalia Jara


 
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