Por Luis María Díaz Colodrero. Exsenador

Esa que en 1982 se precipitara súbitamente acabó en nuestras Malvinas de la noche a la mañana.
Esa en la que inmediatamente, luego de una avanzada de ocupación “exitosa”, creyendo su principal mentor que la recuperación definitiva de la soberanía argentina había sido un rotundo triunfo.
Ese que entonces salió exultante al balcón para expresarnos a millones de compatriotas. “Nuestras Malvinas han sido recuperadas. ¡Y si ellos quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!
Bueno, estimada lectora, estimado lector: el resultado de aquella gesta suicida es harto conocido por todos, y aún nos duele.
Que lo digan si no los que sobrevivieron a esa ilusa quimera patotera. Esos heroicos muchachitos que nos contaron pero ya no están. Y los que todavía permanecen en el mundo de los vivos y siguen recordando sus padeceres y su dolor por los camaradas que dejaron sus vidas peleando por su patria.
Ya sean aquellos que permanecen para siempre en el fondo del mar como así también los que descansan en las tumbas de un desolado cementerio. Allá en Malvinas. 121 de ellas como NN.
A ellos y sus familias querría referirme. De aquel 1982 a hoy, llevan transcurridos ¡treinta y cinco años!
Durante todo este tiempo,  madres, padres, hermanos, hermanas y demás familiares de soldados que no volvieron de aquella loca aventura han venido con su pena a cuestas, presintiendo, al no haber tenido jamás noticias de su ser querido. Que en alguna de esas más de cien enterrados como NN está el amado ser al que los desquiciados mentales enviaron a la muerte.
Recién a partir de hoy [5 de diciembre], en un día que puede calificarse de histórico 88 familiares de esos héroes han comenzado a enterarse de quienes son esos cuerpos.
Efectivamente. Cotejados sus ADN con los de sus parientes vivos, que hace tiempo se prestaron a que se les extraigan muestras, el Comité Internacional de la Cruz Roja logró en forma inequívoca la identidad de ellos.
Hoy ya se informó a través de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a las primeras ocho familias. Y así se proseguirá informando diariamente al resto. Treinta y cinco años han pasado, en consecuencia, los sufridos deudos de los valientes argentinos que han sido reconocidos. Identificados a partir de este momento sabrán cuál tumba contiene los restos de su héroe que descansa para siempre en nuestras Malvinas. Y podrán, si lo desean, visitarlos. Llevarle sus rezos y alguna flor.
Reconocimiento eterno se llamen como se llamen y a sus familiares la cristiana, resignación.
Por lo menos, ahora saben el exacto lugar donde descansan en paz. Se hizo justicia. La patria argentina, agradecida.